Don de Loch Lomond

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lunes, 1 de junio de 2015

Colorado. Los que se pelean se desean

COLORADO (Castilla La Mancha) por Enrique Falcó
DISCO: Los que se pelean se desean (2014)
TEMAS: 11
WEB: http://coloradoindie.bandcamp.com
Con un título inmejorable y una frescura inesperada de quienes no son precisamente noveles en esto del pop, Colorado presenta Los que se pelean se desean (2014). Un disco sencillo, con una instrumentación que si bien no ostenta grandiosidad sí se presenta lo suficientemente digna como para llegar al corazón de las canciones.
Colorado y su disco tienen semejanzas indiscutibles a grupos de los 90, aunque muy lejos de aquellos “piruletas pop” con letras ñoñas y vacías. Letras sencillas y cotidianas pero que van al centro del cerebro y en ocasiones a la yugular, con títulos sensacionales y de gran originalidad y hermosura, en los que se detectan nostálgicos guiños cinematográficos como en la encantadora “El baile del encantamiento bajo el mar” (¡Como me gustan las referencias a Regreso al Futuro!).
Canciones perfectas para rupturas y reconciliaciones, algunas letras maravillosas como “Hawai” o “llueve Bitter Kas”. Coros y arreglos que aparecen cuando se necesitan y una voz entre J. Rodríguez (cuando se le entiende),Fernando Alfaro (cuando entona) y Diego Vasallo (cuando aun conservaba esa voz rota tan exquisita de principios de los 90).
Si tienes más de 30 años en un par de escuchas puedes llegar a convertirlo en parte de la BSO de tu vida. Si eres aún adolescente o un veinteañero despreocupado dale también una oportunidad… para que la vida no te sorprenda con malditos abecedarios que solo forman palabras de desamor.
VAN SOBRAOS EN: Letras. Sin duda lo mejor del disco. Las sensaciones, los recuerdos que afloran en cada escucha emocionan, cabrean y enamoran.
LO QUE YO CAMBIARÍA: Para compensar la carga excesivamente tristona, algún tema algo más optimista.
LA SENTENCIA: Disco perfecto para escuchar mientras paseas arrastrando los pies y sintiéndote el ser más desgraciado y solitario del planeta, o mientras preparas el café o vacías una botella de whisky en soledad, con la sensación de que no eres siquiera profeta en tu propio corazón.