Don de Loch Lomond

Don de Loch Lomond

martes, 9 de junio de 2015

Elvis ha abandonado el edificio


Siempre he sido de los que mantienen la máxima que la música ha de estar ligada irremediablemente a todas las artes existentes, y así por ejemplo, como en el caso del cine, no pueden entenderse la una sin la otra. Reconozcamos que Darth Vader no daría el mismo miedo sin la marcha imperial de fondo, o el propio Michael J. Fox se vería ridículo sobre un monopatín sin que sonara de fondo el “Power of love” de Huey Lewis And The News.
En la literatura también la música puede envolvernos con una magia que trasciende mucho más allá que lo que provocan los aleteos de varita mágica de nuestro amigo Harry Potter. Y no me refiero solo a los libros que hablan de música, o a las biografías de artistas que se cuentan por cientos de miles. Al igual que muchos lectores imaginamos la voz de nuestros personajes favoritos, también podemos sentir la música que debería sonar en algunas de las escenas que encontramos entre esos tesoros de papel que son los libros.
La radio pública extremeña, al igual que la televisión, ostenta la obligación moral de olvidarse de todo lo relacionado con las audiencias, y ofrecer a los ciudadanos programas y novedades con un mínimo de calidad y de cierto interés, aunque este fuera de alguna manera minoritario.
En “Elvis ha abandonado el edificio”, programa dirigido por Juan Pablo Rovira Gómez, que comenzó su andadura en julio de 2013, los amantes de la buena música encontramos cada semana historias increíbles envueltas en una sonoridad mágica que nos descubren mil y una historias que siempre esconden canciones maravillosas.
El título, una frase recurrente y conocida de la música pop, hace alusión a la máxima que pronunciaban algunos presentadores y locutores tras los conciertos del rey del Rock, para disuadir especialmente a los fans que soñaban con un encuentro cara a cara con el legendario intérprete de “Hound Dog”.
No se me ocurre un título más apropiado para un programa que persigue humildemente desde su primera emisión descubrirnos la canción de nuestra vida, mostrándonos melodías que algunos ni soñaban que pudieran existir para nosotros. Y lo conciben además desde el corazón, sin echarnos en cara nuestra falta de cultura musical o nuestro interés. Simplemente las acercan al público para que éste decida si las olvida o las guarda para siempre dentro de su particular disco duro humano.
Pero quizás por aquello de que las palabras se las lleva el viento y que es lo escrito lo que permanece realmente impasible a lo largo del tiempo, el equipo de Elvis ha abandonado el edificio se decide a dar el salto literario hacia aquellos árboles que tras una vida intachable fueron conducidos hacia el infierno de un libro con toda dignidad.
En el volumen que comprende la primera temporada del programa se pueden encontrar 245 páginas repletas de historias curiosas, desconocidas, irónicas, a veces trágicas, y muchas hermosas.
De entre tanto para escoger destacaría algunas de mis predilectas, como por ejemplo “El Club 27” dedicada a tantos y tan grandes artistas que nos abandonaron a tan corta edad, “Atracción fatal” sobre la relación entre las estrellas de rock y algunos fans que se convierten en trágicas, o por ejemplo otras que me emocionan especialmente como “Hoteles” o “Navidades en la gran manzana”. También incluso existe espacio para el buen humor e incluso la nostalgia, en el capitulo “El UHF” en donde nos obsequian a toda una generación con sintonías de dibujos y series de los 70 y 80.
Un libro que además permite escuchar a través de Código QR las emisiones radiofónicas y otros contenidos de Internet.
Sólo por el índice final de intérpretes y canciones, el libro ya merece la pena. Anímense amigos lectores a recorrer una aventura fascinante a través de algunas de las canciones más increíbles de la historia. Es probable que no tarden en conocer la nueva canción de su vida. Y si no la encuentran no se preocupen. En breve volverá en forma de libro la segunda temporada, y en ella se tratarán temas como el mito del falso McCartney… espero que queden árboles suficientes.