Don de Loch Lomond

Don de Loch Lomond

sábado, 5 de septiembre de 2015

El bajo. Ese ese desconocido imprescindible



El bajo. El patito feo de quintetos y cuartetos musicales. La hermana pequeña de la guitarra eléctrica, incluso en ocasiones la prima feúcha y con aparato en los piños para algunos entendidos de pacotilla.
Existen quienes afirman que detrás de un bajo no hay más que un guitarristra frustrado, y como imaginarán, quien despieza la mejor carnaca mensual para los amigos de esta carnicería no puede estar más en desacuerdo.

Es cierto que muchos músicos llegan a colocarse antes sus cuatro cuerdas por mera necesidad, casualidad o incluso por qué no, también por cierta curiosidad, pero de ahí a que tras sus escalas graves se oculte un guitarrista poco habilidoso dista mucho de la realidad. Qué quieren que les diga, jamás se me ocurriría pensar en Flea como un músico con escaso arte y mínimas habilidades técnicas
.
El problema de los que desprecian su particular sonido suele ser casi siempre el mismo. No saben lo que es un bajo, y que me corten la cabeza si saben para qué sirve. Y lamentablemente nunca lo han escuchado. Y no es que sea algo fácil. Aún recuerdo la primera vez que por fin escuché el bajo, con apenas doce años. Acababa de descubrir a The Beatles escuchando “Drive my car” en el viejo walkman de un compañero de clase, y poco a poco me iba documentando de la historia de aquellos cuatro muchachos que habían conseguido llegar a lo más alto. En aquellas primeras fotos y videos lo descubrí. Aquella guitarra del vanidoso McCartney parecía especial, y no pude dejar de apreciar la curiosidad del grosor de sus cuerdas, que a la postre eran dos menos que las de Lennon y Harrison. 

Sabía distinguir el sonido de una batería, un teclado, guitarras electricas e incluso instrumentos de cuerda o viento, pero… ¿Que narices era aquello de un bajo?

El placer de descubrir por fin aquellas notas graves en el puente del “In my life” de The Beatles fue un placer parejo a contemplar el mar por primera vez. De repente aquel instrumento se convirtió en mi favorito para escuchar a pesar de ser un fanático de la batería. Empezaba incluso a valorar las canciones si estas tenían o no una línea de bajo interesante, ejercicio por cierto que jamas he abandonado. Me gusta pensar en el bajo como algo más que una guitarra que toca las notas graves para sustentar la melodía. El bajo no ha de ser solo una parte del conglomerado con el que empezar a construir un tema, pues puede en ocasiones convertirse en pieza maestra de una canción, y por supuesto tener sus momentos destacados.


Cantar mientras además te acompañas con un instrumento es algo que sin lugar a dudas se antoja como una faena harto complicada, ahora bien, cantar mientras tocas el bajo y además conseguir que este sea interesante es una proeza al alcance de muy pocos, por lo que siempre he sentido gran veneración por los bajistas-cantantes, y no sólo por mi amigo McCartney, sin lugar a dudas el mejor bajista de la historia. Sting también ha sido un artista que se ha resistido a que un instrumento tan bello pase a segundo plano, y al igual que el viejo Paul ha conseguido con cierta fortuna llevar el peso de muchos de sus grandes éxitos con tan particular instrumento.

Desde el mostrador de esta particular carnicería, recomendaría a mis consumidores revisar la carrera de los Jackson Five, y descubrir al “otro” cantante del famoso quinteto (muchos desconocen que hubiera otra voz principal que no fuera la del gran Michael Jackson) Jermaine Jackson, a la postre también bajista del grupo, por el que también siento cierta debilidad. La complejidad de sus melódicas líneas eran interpretadas a la perfección en directo, tanto en la del grupo con sus hermanos como en su recomendable carrera en solitario
.
No podemos olvidarnos de algunos excelentes cantantes bajistas a nivel nacional como Nacho Campillo de Tam Tam Go!, que ha ejecutado excelentes lineas de bajo para la historia de la música pop española (y además siendo pacense, bien por él).
Nuestra región extremeña es sin lugar a dudas cuna de grandes bajistas, Luis Gonzalo García de Los Desahuciados o Adolfo Campini por poner algún ejemplo, pero es cierto que no parece ser este instrumento el preferido de los cantantes de nuestra región
.
Si hablamos de bajistas cantantes es justo y necesario remontarse a finales de los 90, cuando una veinteañera formación pacense LICH se presentaba en formato de trío ante su primera maqueta y actuaciones. Jesús García García, más conocido como Chuli (además de Lich ha militado en Diva o News Solaris entre otros proyectos) tuvo que aparcar su guitarra eléctrica y adueñarse del bajo por necesidad, consiguiendo algunas de las líneas de bajo más bonitas que han escuchado estas orejitas que me dio mi santa madre. Aun recuerdo la melodía de “La Casa de Colores”, tan sencilla como hermosa y de cierta complejidad interpretativa a la hora de llevar el peso vocal.

Como batería, en mis conciertos siempre requería la presencia importante del bajo en mis monitores, excepto en una ocasión en un concierto, en la Sala Maravillas de Madrid, con el entonces cuarteto pacense LICH y Óscar Vadillo al bajo y segunda voz. En aquella ocasión, al genial músico pacense le aconteció la singular paranolla de que su bajo no se oía y no paró de subirse el volumen en la prueba de sonido hasta que consiguió que a los demás miembros del grupo nos temblaran los carrillos de la cara a cada nota ejecutada. Todos sin excepción solicitamos al técnico que eliminara totalmente el bajo de nuestros monitores. Lo sentíamos en cada milímetro de nuestro cuerpo.

El bajo es un instrumento maravilloso que puede aportarles mucho. Les animo a tratar de aprender a escucharlo, a fijarse en él y disfrutar de su peculiar sonido. Verán cómo desde entonces las canciones le parecen más completas
.
Y ahora les dejo que voy a disfrutar de una buena sesión de canciones con bajos espectaculares… y quiero sentir el bajo en mi cara.